La interna del “cordobesismo”, contenida durante las últimas semanas por la expectativa que generaba el lanzamiento nacional de Provincias Unidas, se desató tras la derrota que sufrió el oficialismo provincial, un resultado que encendió las alarmas por la volatilidad del voto “indeciso” y la caída de bastiones que se creían consolidados.

Dentro del Gobierno, el único alivio fue la cosecha electoral de Natalia de la Sota, que logró arrebatarle al kirchnerismo una banca histórica, y la aparición de Gabriel Bornoroni, quien se proyecta como un nuevo actor opositor capaz de tensionar con Luis Juez dentro del tablero provincial. Sin embargo, el clima puertas adentro del Panal fue de tensión: el lunes posterior a la elección volaron facturas por los desempeños territoriales, y varios intendentes salieron a marcar presencia.

Los jefes comunales que lograron imponerse en sus localidades difundieron sus resultados en redes y estados de WhatsApp como gesto hacia el gobernador Martín Llaryora, quien en plena campaña advirtió que “no habrá 2027 sin 2025”. Esa frase, repetida en los despachos provinciales, volvió con fuerza tras la derrota y dejó en claro que los resultados de octubre condicionarán la próxima carrera provincial.

Quien más se mostró tras el revés fue la vicegobernadora Myrian Prunotto, que hizo público un Excel con los resultados en las 47 localidades con más de 10 mil habitantes. Lo hizo para remarcar que su ciudad, Estación Juárez Celman, fue la única que le aportó al oficialismo una victoria contundente (11 puntos de diferencia). El documento también expuso duras derrotas: Colonia Caroya, bastión del ministro Gustavo Brandán, cayó por 26 puntos; Jesús María, por 15; Villa María, con Eduardo Accastello en la boleta, por 19; Alta Gracia, de los hermanos Torres, por 11; y San Francisco, la ciudad de Llaryora, por 8.

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