Tras una elección con resultados adversos en casi todo el país, la UCR quedó reducida a seis diputados y sin liderazgo claro. La salida de Martín Lousteau abrirá una disputa por la conducción entre Valdés, Cornejo y Pullaro, mientras las bases reclaman una renovación profunda.
La Unión Cívica Radical llega al final del año con un balance amargo. El partido centenario perdió presencia parlamentaria, se fracturó en sus principales distritos y encara una renovación de autoridades nacionales que promete más conflictos que certezas. La debilidad institucional y las divisiones internas se combinaron para producir un retroceso político sin precedentes desde 1983.
El resultado de las elecciones legislativas dejó a la UCR con apenas seis diputados y sin representación en varios bastiones históricos. En Buenos Aires, la fragmentación interna entre Miguel Fernández y Pablo Domenichini selló una derrota total, mientras que en otros distritos los acuerdos parciales no alcanzaron para revertir la tendencia.
De cara a diciembre, el partido se prepara para una pulseada interna que definirá su futuro inmediato. Gustavo Valdés surge como una figura de peso en el tablero nacional, aunque su perfil provincial genera dudas sobre su capacidad de conducción. En Mendoza, Alfredo Cornejo se posiciona como alternativa con apoyo propio y antecedentes de gestión, mientras Maximiliano Pullaro aparece como opción intermedia entre las distintas corrientes.
El desafío no es solo electoral, sino de identidad. La UCR busca reencontrarse con sus raíces en un contexto de polarización, desconfianza ciudadana y desgaste institucional. Los próximos meses serán decisivos para saber si el radicalismo logra reinventarse o si su crisis termina por consolidar una etapa de repliegue y pérdida de influencia nacional.






Deja un comentario