Luego del trágico hecho de violencia que afectó al establecimiento, las autoridades escolares dispusieron un esquema de retorno escalonado con apoyo profesional.
El proceso de sanación y regreso a la cotidianeidad ha comenzado para los alumnos, docentes y padres de un colegio que fue noticia nacional por un hecho de sangre. Tras el conmocionante crimen escolar en San Cristobal, se confirmó que regresan las tareas a la escuela de forma progresiva, priorizando la contención emocional por sobre los contenidos académicos tradicionales. El Ministerio de Educación de la Ciudad ha destinado un equipo de psicólogos y asistentes sociales que acompañarán cada jornada de clases durante las primeras semanas para abordar el duelo y el miedo de los estudiantes. El regreso se realiza por niveles, comenzando con los cursos superiores que mantuvieron vínculos más estrechos con los involucrados en el suceso, brindando espacios de diálogo y reflexión grupal. Muchos padres han manifestado su temor de enviar a sus hijos nuevamente a la institución, por lo que se ha reforzado la seguridad en los accesos y se han realizado reuniones informativas para detallar los nuevos protocolos de convivencia. Los docentes han recibido capacitación específica para detectar señales de trauma y ansiedad en el aula, buscando recrear un entorno de confianza y resguardo. Este lento proceso de normalización busca evitar la deserción escolar masiva que suele seguir a este tipo de tragedias en entornos urbanos. La justicia continúa con la investigación del hecho de fondo, pero ha validado que el edificio se encuentra apto para retomar su función pedagógica tras las pericias correspondientes. Se han modificado algunos espacios físicos del colegio para eliminar recordatorios visuales directos de la agresión sufrida, en un intento por brindar un nuevo comienzo a la comunidad damnificada. La solidaridad de otros establecimientos del barrio ha sido fundamental para brindar apoyo logístico durante el periodo de cierre preventivo.





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