Después de que julio cerrara con una leve caída en los precios de la carne, reflejada en mediciones tanto oficiales como privadas, los analistas se expresan con una cierta cautela sobre lo que sucederá en los meses inmediatos. La conclusión general es que agosto y septiembre no presenciarían incrementos significativos, aunque la situación podría alterarse cuando se acerque el cierre del año.
El dinamismo del precio de la hacienda sigue siendo el factor explicativo central. Este valor, que resume la situación en toda la cadena productiva, mantiene una relación directa con el amesetamiento que se observa actualmente en los precios de venta al público. Cuando la hacienda se estabiliza, la góndola también lo hace.
Las proyecciones de especialistas consultados apuntan hacia una situación de calma relativa en los próximos sesenta días. No se esperarían sobresaltos alcistas que compliquen la presupuestación doméstica de familias argentinas. Este escenario, comparado con épocas anteriores del año cuando las presiones inflacionarias fueron más intensas, se presenta como favorable.
No obstante, existe un cambio de tendencia anticipado. Cuando se acerquen las festividades de fin de año, el comportamiento del mercado podría revertirse. La demanda estacional, característica de noviembre y diciembre, tiende a generar presión sobre los precios. Esta es una tendencia observable año tras año que los especialistas dan por descontada en sus análisis.
La cadena cárnica argentina, compuesta por productores, frigoríficos y comerciantes, está atenta a cómo se despliegan estas dinámicas. Monitorean constantemente la oferta disponible, los costos de producción, la receptividad del mercado internacional, y cómo los consumidores domésticos responden a los precios vigentes. El próximo bimestre servirá como indicador de cuán acertadas serán estas proyecciones que dividen el tiempo entre una zona de estabilidad y otra de potencial alza.
Imagen: Anna Greggio / Unsplash – Con informacion de Clarín Rural






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